Día Internacional de las Familias

Con la crisis sanitaria, la vida de muchas familias en la región cambió. La COVID-19 no solo impactó la salud física y mental de las familias, sino también sus medios de vida, su vivienda, la educación de niños, niñas y adolescentes e incluso la vida misma de sus integrantes.

Las deudas adquiridas para enfrentar la enfermedad y sobrevivir el día a día han incrementado la inestabilidad e inseguridad económica familiar y, por tanto, el riesgo de trabajo infantil que muchas de ellas ya enfrentaban.

Niños, niñas y adolescentes de la región están en riesgo o ya se incorporaron a actividades, tanto familiares como para terceros, asalariadas o no, para reemplazar a quienes han sido despedidos o han fallecido producto de la pandemia, o para generar ingresos complementarios para el hogar.

Cuando los recursos económicos son escasos y el nivel de vida disminuye, el trabajo infantil se convierte en una alternativa de subsistencia, a pesar de las consecuencias negativas que trae en el corto plazo para las familias y que, además, reproduce intergeneracionalmente.

En esta línea, en el marco del Día Internacional de las Familias y en el contexto de crisis, es fundamental reconocer la urgencia de implementar políticas que logren por fin romper las barreras de acceso a programas de protección social y a servicios de calidad que mejoran las condiciones de vida y aseguran el desarrollo y bienestar de las familias, y en ellas el futuro de niños, niñas y adolescentes.

Si reducimos la vulnerabilidad de las familias, evitaremos que más niños, niñas y adolescentes se vean forzados a trabajar y se expongan incluso a las peores formas de trabajo infantil. Proteger a las familias, contribuye además a alcanzar la meta 8.7 de la Agenda 2030, referida a poner fin al trabajo infantil en 2025.