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La Iniciativa Regional, a través de “No dejar a las niñas atrás”, destaca la urgencia de ampliar la lectura del trabajo infantil desde el enfoque de género.

Avanzar hacia el logro de la meta 8.7 dependerá de políticas con enfoque de género

Según las más recientes estimaciones mundiales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), niños y adolescentes hombres son más vulnerables al trabajo infantil; sin embargo, muchas niñas y adolescentes mujeres se mantienen invisibles en las estadísticas por los tipos de actividades y condiciones en las que trabajan. Ello, sumado a la falta de información sobre su situación, ralentiza el avance hacia la meta 8.7 sobre poner fin al trabajo infantil en 2025. Abordar esta realidad bajo el enfoque de género impactaría positivamente el avance en la agenda respecto a la reducción de la discriminación, violencia y desigualdad en las poblaciones más vulnerables.

América Latina y el Caribe debe mejorar y ampliar la información sobre la dimensión del trabajo infantil en la vida de niñas y adolescentes mujeres, sus familias y comunidades. Para ello, la Iniciativa Regional América Latina y el Caribe libre de trabajo infantil (IR) viene desarrollando recursos informativos y de sensibilización que promueven una lectura de esta realidad bajo el enfoque de género.

El primer recurso publicado, en el marco del Día Internacional de la Mujer, es el documento “No dejar a las niñas atrás”. Este nos señala que al referirnos a la situación de las niñas y adolescentes mujeres víctimas del trabajo infantil debemos considerar que estas son situaciones únicas, que demandan ser analizadas en profundidad para encontrar respuestas que mejoren en la misma medida la vida tanto de los niños y los adolescentes como de las niñas y las adolescentes en trabajo infantil.

La urgencia de incluir el enfoque de género en el abordaje del trabajo infantil y en el diseño y la mejora de las respuestas de políticas, parte de reconocer que los roles de género influyen en las características y condiciones diferenciadas que el trabajo infantil adquiere para niñas y niños. Por ejemplo, este hace que niñas y niños tengan mayor o menor presencia en algún sector o que, cuando trabajan en el mismo, realicen actividades diferentes que implican riesgos distintos.

Las mujeres y niñas realizan ciertas tareas de manera desproporcionada a sus pares. Según ONU Mujeres, en los países en desarrollo, por ejemplo, tareas afanosas como la recolección de agua son responsabilidad especial de las mujeres y niñas que habitan en el 80 % de los hogares sin acceso al agua. Esta actividad, según la OIT, suele implicar desplazamientos a pie por varios kilómetros, lo que las expone a otro tipo de riesgos como lesiones, fatiga e incluso abuso sexual y violación.

En el mundo y la región, las niñas y adolescentes mujeres siguen siendo infravaloradas solo por el hecho de ser mujeres. Tienen menos oportunidades de acceder a recursos, servicios y programas, y sufren múltiples formas de violencia en sus hogares y fuera de ellos. El trabajo infantil no hace más que reproducir, normalizar y perpetuar esa situación.

Sabemos que el trabajo infantil puede impactar en la asistencia y permanencia en la escuela de muchas niñas y adolescentes mujeres, lo cual en el futuro se traducirá en la falta de capacidades y oportunidades para acceder a trabajos decentes.

Sabemos también que las mujeres representan casi la mitad de la población mundial, en este sentido, el desarrollo y crecimiento de los pueblos dependerá del empoderamiento de las mujeres y las niñas y de las oportunidades a las que tengan acceso, así como del cumplimiento pleno de sus derechos, entre otros, los laborales fundamentales.

El cambio será posible si trabajamos desde hoy en políticas públicas que pongan fin a las situaciones que mantienen la discriminación y exclusión de las mujeres desde su infancia, como son las políticas públicas con enfoque de género para la prevención y erradicación del trabajo infantil.

¿Qué sabemos del trabajo infantil en niños y niñas?

Según la OIT, en el mundo, se estima que ellos representan el 58 % (88 millones) de quienes están en trabajo infantil, mientras que ellas el 42 % (64 millones). Ellos también son mayoría (62 %) en trabajos peligrosos.

El trabajo de las niñas se reduce a un ritmo mucho más lento que el de los niños. Entre 2012 y 2016 salieron del trabajo infantil el doble de niños que de niñas. La tendencia es similar con respecto al trabajo peligroso.

A nivel regional no existen estimaciones que diferencien el involucramiento según el sexo de las personas menores de edad; no obstante, sí existen a escala nacional y estas también evidencian brechas.

Las niñas y adolescentes mujeres realizan actividades en el ámbito de los hogares, como trabajo doméstico y de cuidados -remunerados o no-, incluso son víctimas de las peores formas de trabajo infantil, como explotación sexual comercial, trabajo forzado o trabajo en condiciones de servidumbre. Las características de todas estas actividades hacen que su identificación, cuantificación y seguimiento sea muy complejo para las autoridades, manteniéndose invisibles en las estadísticas e informes.

Descarga aquí el documento “No dejar a las niñas atrás”: