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Promover la igualdad de género en el contexto de crisis sanitaria mundial: una necesidad ineludible vinculada con la prevención y eliminación del trabajo infantil

Las consecuencias económicas y sociales de la crisis sanitaria por la COVID-19 han tenido un enorme impacto en los países con ingresos bajos y medios, provocando más pobreza, inseguridad alimentaria y exacerbando los niveles de discriminación, desigualdad y violencia de género en el mundo, lo cual repercute de forma directa en las familias y sus ingresos, así como en mayor vulnerabilidad al trabajo infantil.

Antes de la pandemia, según la OIT, se estimaba que 152 millones de niños, niñas y adolescentes se encontraban en situación de trabajo infantil en el mundo, 64 millones de niñas y 88 millones de niños. En América Latina y el Caribe, se contabilizan 10,5 millones y, aunque las cifras señalan mayor presencia de niños que de niñas en trabajo infantil, estudios realizados por la OIT demuestran que las niñas y las adolescentes son quienes en mayor medida están expuestas a ejercer trabajos privados, no mercantiles e invisibles como el trabajo doméstico, y muchas veces clandestinos, que no se pueden registrar formalmente en las estadísticas (OIT, 2020; OIT, 2017a).

Un futuro igualitario requiere niñas y niños libres de trabajo infantil, que puedan educarse y disfrutar plenamente sus derechos

Antes de la COVID-19, ONU Mujeres destacaba que 32 millones de niñas en el mundo aún no iban a la escuela, y hoy la UNESCO alerta que “más de 11 millones de niñas en el mundo podrían no volver a la escuela después de la crisis.”[1] 

En ese marco, se estima que la crisis actual tanto en el corto como en el largo plazo afecta mucho más a las niñas y las adolescentes, pues sin una educación básica perderán oportunidades laborales futuras y perspectivas de vida, perpetuando el ciclo de pobreza y explotación de una generación de mujeres a la otra, sobre todo en una región donde la mayoría de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres.

A ello se suma que, por las condiciones de exclusión social, las niñas y las adolescentes tiene un mayor riesgo de explotación, principalmente con fines sexuales. De acuerdo con el Informe Global sobre la Trata de Personas 2020, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en América Latina la gran mayoría de las víctimas de trata son niñas y mujeres: 69% mujeres, 5% niñas, 25% hombres y 1% niños. 

Por su parte, “en Centroamérica y el Caribe, la mayoría de víctimas detectadas en 2018 son también niñas y mujeres, lo que equivale a 79% del total de víctimas de trata en la subregión. El tráfico de niñas, que representa un 40% de todas las víctimas, es uno de los mayores en todo el mundo.”[2] 

El informe destaca que los traficantes se aprovechan de las personas más vulnerables, como migrantes y personas sin trabajo, por lo que la recesión inducida por la COVID-19 podría aumentar el riesgo en niñas y mujeres.

Perspectiva de género -  Liderazgo de las mujeres

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Iniciativa Regional América Latina y el Caribe Libre de Trabajo Infantil (IR) muestra su compromiso impulsando su Estrategia de Género, con el objetivo de contribuir con la consecución de la igualdad como requisito para el desarrollo de la región. Para lograrlo es necesario desarrollar medidas específicas que contribuyan a paliar las desigualdades existentes en función del género, que afectan a todas las personas pero que, de manera severa, las sufren particularmente las mujeres, adolescentes y niñas. Por ello “se busca incorporar la perspectiva de género como una estrategia para lograr la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de las mujeres, de modo que tanto las mujeres como los hombres puedan influir y participar en el proceso de desarrollo, y beneficiarse de él, en pie de igualdad.”[3] 

Garantizar los derechos de las mujeres en la respuesta ante la pandemia COVID-19, implica integrar las perspectivas de las mujeres y las niñas en la formulación y aplicación de políticas y programas en todas las esferas y etapas de la respuesta, así como en la recuperación post pandemia.  Para contar con ese espacio en esta u otras crisis sanitarias, donde las mujeres ejerzan su liderazgo y promuevan un mundo más igualitario, hay que rescatar hoy a las niñas y adolescentes del trabajo infantil y peligroso.

En este 8 de marzo, la IR suma su voz para impulsar acciones en pro de la educación de las niñas y las adolescentes. Los avances en este campo no solo repercutirán en varias generaciones, sino que también coadyuvarán al diseño de políticas y actuaciones específicas orientadas a la prevención, protección y restitución de los derechos de la niñez y la adolescencia para un futuro más igualitario.

 

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